Reflexiones sobre algunas prácticas de desarrollo de la comprensión lectora -2-

logo escaneado 2 Escribía en la entrada anterior  que leer es generar una representación interna y personal de la situación que el texto propone (representación textual).

Hoy se acepta que la comprensión  surge de la  integración entre la representación  textual que el lector elabora y sus conocimientos previos (lo que algunos denominan el modelo mental de la situación a la que hace referencia el texto).

Por eso, cuando entregamos a los alumnos  un material de lectura, cada uno de ellos genera una diferente  representación mental del texto, aunque algunos de ellos  puedan compartir algunos significados genéricos que se solapen. Así, cuando se inicia una tarea de comprensión lectora, el estudiante trata de buscar la coherencia textual que le ofrecen las palabras, frases y proposiciones  del propio texto.  Es decir,  va ligando estos elementos textuales y ajustando su  interpretación a las hipótesis de significado que previamente había establecido; o realiza conexiones e inferencias buscando la congruencia  o ilación del significado que el texto posee.

Paralelamente a ese proceso, el lector construye “su”  modelo mental de la situación planteado en la lectura,  con el concurso de sus conocimientos previos.  Por tanto,  cada  estudiante genera una representación semántica diferente porque, como una tarea cognitiva individual, la ambigüedad semántica  en el significado de palabras, frases, o proposiciones, surge de las diferencias en conocimiento con el que cada lector accede a la tarea. Incluso con textos sencillos, cada uno de ellos puede construir una representación interna diferente de lo que lee. Básicamente porque:

a)      Difieren en el propósito de lectura que se marcan.

b)      Divergen en el tipo y cantidad de conocimiento que poseen con respecto al tema o asunto de la lectura.

c)       Se diferencian en su capacidad para razonar sobre lo que están leyendo, o han leído, y en la cantidad y calidad de las inferencias que son capaces de elaborar sobre el texto.

d)      No poseen la misma capacidad de manejar y aplicar estrategias de comprensión  lectora.

En consecuencia,  una actividad de lectura como la que se refleja en “la ficha” de la entrada anterior (27 de febrero),  forma parte de enfoques metodológicos ya superados, que tratan de crear lectores que tiendan a concebir el texto como un material con un significado único, objetivo y  armónico, a ser extraído y memorizado, para posteriormente “re-producirlo” a partir de las preguntas que se  les plantean.  Cualquier análisis  de  esa “ficha” nos lleva a concluir que el estudiante se ha limitado a recordar y repetir lo que dice el texto.  Sin duda, materiales de lectura como éste hurtan al lector de la utilización de  su potencial cognitivo y metacognitivo. La alternativa es utilizar  materiales de lectura reales, auténticos, como narraciones, textos expositivos, libros de texto, cómics, periódicos, etc.

Andrés Calero

@acalero1

 

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