El tránsito del lenguaje cotidiano al académico en la escuela
Un hito importante que considerar en el proceso de desarrollo del vocabulario se da cuando los niños se incorporan a la escuela, momento en el que comienzan a exponerse al lenguaje académico que incorpora palabras nuevas que escucharán, leerán o escribirán a lo largo de 6 cursos escolares. Esta situación supone para muchos de ellos una barrera que deben superar, año a año, para poder transitar entre el registro lingüístico cotidiano y el escolar.
Con el bagaje de un vocabulario propio del lenguaje cotidiano utilizado en conversaciones informales y aprendido esencialmente a través de intercambios orales en el hogar y entre pares, al comenzar la Educación Primaria se encuentran con palabras nuevas y un lenguaje más complejo y académico, que necesitan dominar para garantizar su éxito escolar.
Lenguaje cotidiano vs lenguaje académico escolar
El sociólogo Bernstein (1989
1), interpreta la diferencia de impacto cognitivo de ambos tipos de lenguaje en términos de su conocimiento y uso. Mientras el lenguaje académico pertenece a un código más restrictivo y elaborado, el lenguaje cotidiano es menos denso y plantea una menor demanda cognitiva de comprensión en la infancia.
A diferencia del lenguaje cotidiano, el lenguaje académico oral o escrito es más formal, más complejo, y contiene más palabras nuevas e infrecuentes. Es también más difícil de comprender y, en el caso del lenguaje escrito, el factor que más determina su complejidad es su carácter descontextualizado, ya que carece de las “pistas” extralingüísticas y prosódicas que ofrece el lenguaje cotidiano, como los gestos, la entonación y, sobre todo, el concurso de un tema compartido con otra u otras personas (ver figura 1).
Además, curso a curso, el lenguaje escrito de los textos escolares incrementa su nivel de densidad, complejidad y abstracción, especialmente el de aquellos de naturaleza informativa. Con un vocabulario cada vez más complejo y una estructura sintáctica y semántica singular, es necesario que el alumnado tenga múltiples encuentros con las palabras de este lenguaje nuevo para, gradualmente, comprenderlas e ir desarrollando la habilidad de inferir dentro del contexto semántico del texto el significado de las que desconoce (Beck., McKeown y Kucan, 2013
2; Cunningham, 2005
3; Duke y Roberts, 2010
4).
En tal sentido, el conocimiento gradual de las palabras del lenguaje académico de los textos narrativos e informativos durante los seis años de escolaridad representa la piedra angular sobre la que descansará la competencia lectora y el aprendizaje de los escolares (Meneses y otros., 2018
5). Las evidencias indican que el grado de adquisición del vocabulario académico explica una parte significativa de la varianza en comprensión lectora, independientemente de la contribución que tienen otras habilidades lingüísticas relacionadas con el conocimiento morfológico y el sintáctico (Uccelli y otros, 2015
6).
Figura 1. Lenguaje cotidiano vs lenguaje académico escolar
El rico vocabulario de los libros escolares
Una de las variables que más explica las diferencias de logro en competencia léxica es el volumen lector y escritor de los escolares (Cunningham y Stanovich, 2007
7; Hayes y Ahrens, 1988
8). Cuanto más lean y escriban, más ampliarán su vocabulario, sus conocimientos previos y su nivel de comprensión lectora. Por consiguiente, ayudar tempranamente al alumnado de esta etapa educativa a superar esta barrera de conocimiento léxico es una tarea central y crítica, porque es en los libros narrativos e informativos donde están las palabras nuevas que necesitan aprender para llegar a desarrollarse como lectores y escritores.
En un estudio pionero, Hayes y Ahrens (1988) evidenciaron la necesidad de superar la barrera léxica entre el lenguaje cotidiano y el académico, tras analizar la frecuencia de ocurrencia de palabras “raras” por cada 1.000 que aparecían en distintas modalidades de comunicación oral y escrita. Definieron una palabra rara como aquella que se sitúa en la posición de frecuencia menor que 10.000, según la lista de frecuencia de términos de uso en la lengua inglesa. Una lista de frecuencia de palabras es básicamente una relación ordenada de todas las palabras diferentes encontradas en una muestra de material oral o escrito, con sus respectivas frecuencias de ocurrencia de uso (Rodríguez, 1980
9). Según el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) de la Real Academia de la Lengua las 10 palabras más frecuentemente usadas en nuestro idioma son “de”, “la”, “que”, “el”, “en”, “y”, “a”, “los”, “se” y “del”; y, de acuerdo con Ezquerra (2003
10), las 100 palabras más frecuentes conforman alrededor del 30% de los términos que constituye cualquier texto, mientras que las mil más frecuentes pueden llegar a representar el 50% de todo el texto (p. 100).
Para realizar su trabajo, Hayes y Ahrens examinaron la frecuencia de ocurrencia de las palabras raras que aparecían en los siguientes textos orales y escritos: (a) textos impresos: libros narrativos para preescolares, libros narrativos o informativos para niños, periódicos, revistas populares, libros para adultos, resúmenes de artículos científicos; (b) textos televisivos: para niños, dibujos animados y programas de adultos; y (c) distintas muestras de lenguaje oral de adultos universitarios y de testimonios de expertos en un tribunal (ver figura 2) . En sus conclusiones, estos investigadores destacaron que el discurso del lenguaje cotidiano está lexicalmente empobrecido en relación con el del lenguaje académico escrito, porque:
- Los libros para niños utilizaban más palabras raras que cualquier muestra de lenguaje cotidiano oral analizada.
- El vocabulario de los libros para niños contenía 1/3 más de palabras raras que el de los programas de televisión para adultos en horario de gran audiencia, y casi el 50% más que las conversaciones entre graduados universitarios.
- De entre las muestras evaluadas de lenguaje cotidiano entre adultos, solo los testimonios de expertos en tribunales superaron notablemente en rango léxico a los libros para preescolares. El número de palabras raras utilizadas en los libros para preescolares era similar a las usadas en conversaciones entre graduados universitarios
- Leer revistas populares ofrecen tres veces más posibilidades de aprender palabras raras que escuchar programas de televisión para adultos, y dos veces más que el testimonio de expertos en un tribunal.

Figura 2. Frecuencia de palabras raras en diferentes modalidades de lenguaje.
En suma, en virtud de la estrecha relación entre vocabulario y conocimientos o saberes previos, pueden extraerse dos conclusiones: (a) que es más probable que los escolares entren en contacto con más palabras nuevas que estén fuera de su lexicón si las escuchan en una actividad de lectura compartida e interactiva, y también si las encuentran en la lectura individual de textos variados por su género (narrativos, informativos, poéticos o híbridos); y (b) que aquellos que disponen de un reservorio suficiente de conocimientos previos desarrollan más fácilmente su lexicón, tanto durante tareas de aprendizaje incidental como explícito de palabras nuevas.
Andrés Calero
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- Bernstein, B. (1989). Clases, códigos y control. Estudios para una sociología del lenguaje. Akal. Madrid ↵
- Beck, I.L., McKeown, M.G., & Kucan, L. (2013), Bringing Words to Life, Robust Vocabulary Instruction. 2nd edition. Guilford Press ↵
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- Duke, N.K. & Roberts, K.L. (2010). The genre-specific nature of reading comprehension. En D. Wise R. Andrews & J. Hoffman (Eds.) The Routledge International Handbook of English, Language and Literacy Teaching, 74-86 ↵
- Meneses, A., Uccelli, P., Santalices, M.V., Ruiz, M., Acevedo, D., & Figueroa, J. (2018). Academic language as a predictor of reading comprehension in monolingual Spanish-speaking readers: Evidence from Chilean early adolescents. Reading Research Quarterly, 53(2), 223-247. Doi: 10.1002/rrq.192 ↵
- Uccelli, P., Phillips Galloway, E., Barr, C., Meneses, A., & Dobbs, C. (2015). Beyond vocabulary: Exploring cross-disciplinary academic-language proficiency and its association with reading comprehension. Reading Research Quarterly 50(3), 337-356. Doi:10.1002/rrq.104 ↵
- Cunningham, A.E., & Stanovich, K. (2007). Los efectos de la lectura en la mente. Estudios Públicos, 108, 207-228. Cepchile. Recuperado de https://www.cepchile.cl/cep/site/docs/20160304/20160304094404/r108_cunningham_lectura.pdf ↵
- Hayes, D. P. y Ahrens, M. G. (1988). Vocabulary simplification for children: A special case of ‘motherese’? Journal of Child Language, 15, 395-410. Doi:10.1017/S0305000900012411 ↵
- Rodríguez Trujillo, N. (1980). Listas de frecuencias de palabras: Una revisión de la literatura en español y de sus posibles usos en investigación. Lectura y Vida, 4, 21-25 ↵
- Ezquerra, A. (2003). La enseñanza del léxico y el uso del diccionario. Madrid: Arcos Libros, S.L. ↵
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