El lenguaje interior y el color de las palabras

 

El color de las palabras

El color de las palabras (eltrasterodemimente.wordpress.com)

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Converso frecuentemente con el

hombre que siempre llevo dentro”

(A.     Machado)

Esta entrada que ahora comienzas a leer, se publica en dos blogs simultáneamente: en éste, y en el  luminoso  y cromático blog de Tana que nos obsequia con destellos de creatividad y nuevos matices del conocimiento, invitándonos para ello a balancearnos en su trapecio para perfilar desde nuevas perspectivas los matices y el cromatismo de dicho conocimiento. Se trata de un  esforzado ejercicio de equilibrio que, en mi caso, colisiona con una limitada función creativa, posiblemente porque en mi infancia no me desvelaron su existencia.

En consecuencia, y de acuerdo con el título de la entrada, te invito a un balanceo reflexivo que busque, desde una perspectiva en movimiento, la relación de causalidad entre el lenguaje interior del niño, una herramienta  básica para su desarrollo cognitivo, y  el efecto arco iris que, en particular, el uso de dicha herramienta genera en su capacidad lingüística.

Una primera sensación de sacudida, vacilación e inestabilidad  producida por el primer balanceo, es lo que se puede sentir al comprobar que un alto porcentaje de las palabras que el niño re-produce como consecuencia del aprendizaje escolar y familiar son palabras grises. ¿Qué son palabras grises? Aquellas que re-petimos, o re-producimos, sin haberlas re-construido, re-creado, o cultivado interiormente a través de la activación de las conexiones neuronales propias de los surcos de nuestro hemisferio izquierdo. Así, cuando un estudiante re-pite, memoriza o ladra las palabras que otros han sembrado y labrado, produce palabra grises. Un estudiante al que se le enseña a definir el adjetivo “afrutado”, en lugar de a disfrutarlo, está construyendo una palabra gris. Una palabra gris, monocolor, carente de cromatismo, de matices sensoriales, perceptivos, afectivos, y emocionales, que mutila parcialmente su capacidad de conocimiento.  Sin esos matices, es un sonido vacío. Esas “tonalidades”, son las que deberían conformar el criterio de  aprendizaje de las palabras que usamos ¿Por qué?

Veamos. Un segundo balanceo viene a estabilizar el recorrido del trapecio y a abrir canales sensoriales y de conocimiento, al avistar el proceso sobre cómo se construyen palabras plenas de coloración y matices.  Fue Vygotsky, un psicólogo ruso del siglo pasado preocupado por la génesis del pensamiento verbal,  quien dijo que el pensamiento no se manifiesta simplemente en palabras, sino que existe a través de ellas.  Para él,  pensamiento y habla son dos líneas del desarrollo intelectual que inicialmente suelen caminar separadas en el niño, hasta que aproximadamente hacia los dos años de edad se entrecruzan,  para dar comienzo a una nueva forma de comportamiento y conocimiento humano, por los que el pensamiento  se hace verbal, y la palabra pensamiento

©angelfire.com

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 ¡Ésa es la barrera,  el rubicón del desarrollo humano e intelectual que los niños suelen atravesar, para comenzar a construir “sentido y sensibilidad” hacia las palabras!  ¡Es en ese momento cuando ellos son capaces de edificar cromatismo y  matices de conocimiento en las palabras que utilizan! Esencialmente, porque unidas a su significado y a medida que las van dominando,  acostumbran a percibir que las palabras pululan por su mente con tonalidades fonéticas, semánticas, sensoriales, o afectivas distintas en el intercambio con los demás. Surgen, se recrean y se cultivan  en el contexto personal de su lenguaje interior (ese lenguaje que Machado ejercitaba). De ese modo, el pensamiento nace a través de las palabras, y las palabras generan pensamiento. Pero la palabra sin pensamiento es una cosa muerta, gris. Del mismo modo, un pensamiento desprovisto de palabras “coloreadas” dilata la sombra oscura de la historia intelectual gris del ser humano. Es a partir de ahí, cuando lenguaje y pensamiento van de la mano, y el primero se convierte en una de las herramientas más importantes y trascendentales de su desarrollo cognitivo, intelectual y creativo.

Como producto de la relación pensamiento/habla, cada niño siembra y labra en dicha relación su modo personal de pintar, de delimitar y de comprender la realidad externa e interna que atesora. En condiciones normales,  esa cosecha se desarrolla a lo largo de una curva que se eleva, y no a lo largo de una que declina, estando sujeta a evolución, no a involución; y disociándose solamente por mor de la naturaleza absurda de algunos procedimientos de enseñanza/aprendizaje.

En definitiva, el lenguaje interior supone una tarea cognitiva para uno mismo que se nutre igualmente del intercambio social, que a la vez es una importante fuente del desarrollo intelectual, que  sirve para que el niño aprenda a regular y canalizar su orientación mental y la comprensión de la realidad que le rodea; contribuyendo además, en gran medida,  a la superación de barreras emocionales e intelectuales,  aportando  y creando para ello  la tonalidad y el significado de las palabras que recrea.

Una parada en el trapecio, para plantear una cuestión y concluir en esta entrada con un decálogo en negativo de 10 conductas a evitar en el hogar y la escuela, para que los niños profundicen en el desarrollo de esa relación  lenguaje interior/pensamiento:

¿Cuándo no cultivamos ese lenguaje interior que llena de cromatismo y colorido semántico y personal las palabras orales y escritas? 

  • Cuando hacemos callar al niño por sus frecuentes preguntas sobre la realidad que le rodea.
  • Cuando el aprendizaje de la lectura se convierte en una actividad rutinaria de decodificación de sonidos.
  • Cuando se transmite al niño la idea de que leer es leer deprisa y sin errores.
  • Cuando le enseñamos  a definir un adjetivo de un texto, y no a  vivirlo,  a sentirlo, o a deleitarse con el cromatismo de las sensaciones que genera.
  • Cuando el único instrumento para representarse el significado de palabras desconocidas es el diccionario.
  • Cuando no transmitimos al lector que el propio texto contiene pistas semánticas que aportan significado a muchas de las palabras desconocidas que contiene.
  • Cuando no enseñamos al niño estrategias de lectura para aprender a comprender el texto escrito.
  • Cuando anestesiamos la capacidad del lector para autocuestionarse sobre lo que lee, y las preguntas que se le plantean son las de las editoriales que escriben los textos,  o las del profesor.
  • Cuando no enseñamos al lector a “visualizar”, con todo su cromatismo, el contenido de muchas de las palabras o frases  que los textos contienen.
  • En resumen, cuando no le transferimos la capacidad de autorregular su pensamiento

Andrés Calero

@acalero1

 

 

 

3 comments for “El lenguaje interior y el color de las palabras

  1. 27 octubre, 2013 at 13:06

    Me encantó la entrada. Andrés. Lo recomendaría como texto de referencia en asignaturas de Psicología del Pensamiento y del Lenguaje. Felicidades.

    • acalero1
      27 octubre, 2013 at 13:11

      !Gracias Alberto! Me temo que estamos ambos embarcados en una misma empresa: reflexionar desde la práctica escolar sobre las carencias de nuestro sistema educativo. Un placer seguirte!

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